Desórdenes hormonales y conducta alimentaria

Actualizado: sep 29

Quisiera comenzar preguntándote: ¿ha habido alguna situación en tu vida que te haya llevado a hacer cambios en tu alimentación a replantearte tus hábitos alimenticios y cambiarlos por completo? ¿Cómo afrontaste estos cambios?


Cuando recibimos el diagnóstico de un desorden hormonal, nos encontramos con esta necesidad de cambio inminente.

En el mejor de los casos, haremos un esfuerzo por tratar nuestra salud de forma integral, porque sabemos que mejorando nuestra alimentación e incorporando actividad física, recuperaremos nuestra salud; en otros casos esta info llega un poco tarde o nunca llega y nos aferramos a una pastilla, depositando en ella toda nuestra esperanza de cura (¡espero que no sea tu caso! y si lo es, es momento de cambiar de médico a un@ que pueda tratarte integralmente).


Entonces, ¿qué sucede cuando esta necesidad de adquirir nuevos hábitos alimenticios se vuelve en nuestra contra, cuando interpretamos erróneamente el objetivo de nuestro tratamiento y el peso o la necesidad de bajar de peso se vuelve una obsesión?


Hay evidencia de que las mujeres con desórdenes hormonales específicamente con Síndrome de Ovario Poliquístico y disfunciones tiroideas como hipotiroidismo e hipertiroidismo, tienen mayor vulnerabilidad para desarrollar trastornos de la conducta alimentaria, siendo los más reportados el trastorno por atracón, la bulimia nerviosa y en menor medida la anorexia nerviosa.

De esto quiero hablarte en el artículo de hoy ¿Cómo es que un desorden hormonal (sus consecuencias y nuestras vivencias de este) pudiera influir en nuestra conducta alimentaria al punto de ser un factor de riesgo para desarrollar un trastorno?


Existe una vulnerabilidad que viene dada por cómo ha sido la relación con la comida y con el cuerpo a lo largo de la vida, es decir está asociada a factores de riesgo psicológicos, socioculturales y biológicos preexistentes.


De esta manera, una mujer diagnosticada con un desorden hormonal y con antecedentes de relación dañina con la comida e insatisfacción con su peso e imagen, tiene mayor probabilidad de desarrollar un trastornos de la conducta alimentaria, por varias razones:


  1. La necesidad de enfocar la atención en comer mejor y restringir ciertos alimentos, podría volverse una obsesión, aún más si se inician planes alimenticios sumamente restrictivos sin la supervisión de profesionales.

  2. Erróneamente se puede pensar que el objetivo del tratamiento es “adelgazar a cualquier costo” para recuperar la salud, cuando realmente es evitar alimentos dañinos que promueven el desorden hormonal. Adelgazar es una consecuencia pero no el objetivo principal, el objetivo principal es sanar.

  3. Seguir planes alimenticios no adaptados a las propias necesidades, muy restrictivos y prácticamente imposibles de seguir, puede aumentar el riesgo de sufrir atracones, a su vez estos pueden venir acompañados de conductas compensatorias inapropiadas para evitar el aumento de peso, como: vómito autoprovocado, uso de laxantes, diuréticos o ejercicio excesivo.

  4. Los desórdenes hormonales se asocian con fluctuaciones en el estado de ánimo, sentimientos de tristeza, miedo, ansiedad, desesperanza, frustración, etc., si hay una mala gestión de estas emociones, comer puede volverse una estrategia negativa de afrontamiento, un tranquilizante, fuente de emociones placenteras, por lo que se puede aumentar su ingesta, habiendo mayor riesgo de atracones.

  5. Si se tiene una gran valoración por la forma del cuerpo, es probable que las fluctuaciones en el peso durante la primera etapa del tratamiento, puedan generar una mayor restricción alimenticia y pérdida de control sobre la alimentación, producto de la insatisfacción corporal.


Si tienes un desorden hormonal ¿qué puedes hacer el respecto?


Independientemente del momento de tu proceso en el que te encuentres ahora, haz el ejercicio de preguntarte por tu relación con la comida ¿Cómo es tu conducta alimentaria, cómo eliges la comida que quieres consumir, cuánta cantidad ingieres y cómo te sientes después de comer? porque aunque te parezca que son procesos automáticos, no lo son, tienen múltiples factores psicológicos, sociales y culturales asociados.


Comienza por reconocer cómo es tu conducta alimentaria


La conducta alimentaria es ese comportamiento que tenemos hacia la comida, se conforma durante los primeros 5 años de vida y su patrón se mantiene más o menos estable durante el tiempo (a menos de que voluntariamente comiences a cambiarlo), en ella influyen elementos biológicos, psicológicos, sociales y culturales.


Puedes evaluar tu conducta alimentaria actual en función de estos aspectos:


  • Los alimentos que eliges y las circunstancias en las que lo haces: los alimentos que disfrutas y rechazas, si prefieres comida saludable la mayor parte del tiempo o comida chatarra, alta en azúcares, hidratos de carbono, ultraprocesados, etc. y el momento en que prefieres estas comidas, si las consumes cuando estás atravesando momentos difíciles o de celebración, si las utilizas como escape, para sentirte bien, durante determinados momentos del día, etc.

  • El acto de comer: si disfrutas los alimentos o si se vuelve un acto restrictivo u obligatorio, si se come pausada o rápidamente, si es un acto social o solitario, si comes rodeada de distracciones (tv, celular) etc.

  • Los recuerdos asociados: si comer era un acto de bienestar o de vergüenza, si te obligaban a comer, si te avergonzaban o castigaban por no comer todo lo que hubiera en el plato, si te premiaban cuando lo hacías, si te obligaban a seguir comiendo a pesar de estar satisfecha, etc.

  • Las emociones que asociamos a determinados alimentos y al acto de comer: puedes experimentar el hambre emocional que está asociada a la experiencia de emociones difíciles como la tristeza, ansiedad, rabia, vergüenza, frustración, etc., podemos comer como una forma de experimentar (y recordar) emociones placenteras asociadas a ese alimento particular, como forma de escape, para darle sentido a la vida.


¿Cómo es tu relación con la comida?


Todas hemos tenido “hambre emocional”, podríamos decir que es una conducta alimentaria universal y sucede justamente por todas las experiencias positivas que tenemos asociadas a los alimentos, este tipo de hambre puede surgir como una forma de obtener placer, de sentirnos mejor con la vida, el problema surge cuando se convierte en una estrategia negativa de afrontamiento, es decir cuando comemos para evitar experimentar una emoción dificil, como: tristeza, ansiedad, frustración.


Algo parecido sucede con los atracones, es probable que todas hayamos experimentado un episodio de atracón, pero estos se convierten en un problema cuando se vuelven patrones rígidos y producen conductas compensatorias, como las que te mencioné anteriormente. En este caso estaríamos ante la presencia de un trastorno por atracón.


Si identificas alguna de estas conductas en ti:


  1. Reconoce tu tipo de hambre ¿es hambre física o hambre emocional?: el hambre emocional podrás reconocerla porque surge en momentos en los que experimentas emocionales difíciles (ansiedad o tristeza), es repentina, no sigue horarios o patrones específicos, usualmente es con alimentos muy calóricos y poco nutritivos, no es posible postergarla y puede venir asociada a culpa y malestar. El hambre física por el contrario, está asociada a un horario y determinados momentos del día, aparece de forma gradual, puede postergarse y suele saciarse con alimentos nutritivos.

  2. Reconoce la emoción asociada y comienza a trabajar para gestionarla: como ya hemos hablado la comida surge como una forma de afrontar lo que estamos viviendo, entonces para sanar esta relación maltratadora con la comida es necesario ir a la raíz: la emoción, para identificarla, aceptarla y buscar estrategias de afrontamiento positivas.

  3. Identifica a las señales de alerta: tienes episodios de atracones constantes, has tenido la necesidad de restringirte muchos alimentos para controlar o disminuir tu peso, sientes la necesidad de vomitar, consumir laxantes o hacer ejercicios en exceso para contrarrestar la cantidad de alimentos que consumen, entonces es momento de buscar ayuda psicológica.


¿Cómo es tu relación con tu cuerpo?


Acá entra en juego el discurso que te dices a ti misma y el discurso que recibes del entorno.

¿Cómo te sientes contigo misma? si tu autovaloración está enfocada en tu figura, al punto de depender de esta, es probable que seas más sensible a los cambios en tu imagen, que son producto del desorden hormonal, debemos recordar que no solo hay más probabilidad de aumento de peso, también hay otros factores físicos como acné, hirsutismo y alopecia que pueden hacerte sentir poco atractiva, afectando tu autoestima y tu autoconcepto.


¿Cómo es el discurso que recibes de tu entorno? no solo vivimos en una sociedad “gordofóbica” que le da un alto valor a la belleza física basada en estándares determinados, también es importante tomar en cuenta lo que te dice tu entorno inmediato, si tienes un grupo familiar o amistades que te presionan por cumplir un estándar de delgadez, si la aceptación que recibes de tus grupos de referencia depende de tu aspecto físico, es probable que tengas mayor sensibilidad a enfocar tu atención en tu imagen y no en tu salud, siendo este el mejor coctel para el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.


Mi intención al traerte este artículo no solo es enseñarte las señales de alerta, que de saber identificarlas te llevarán a tratarte a tiempo y evitar males mayores, también es hacer que te cuestiones tu relación contigo misma y con la comida.


Un buen tratamiento integral perseguirá siempre este objetivo, sanar de adentro hacia afuera, comenzar desde el origen y reconstruir las bases que nos permitirán tener un cambio genuino y recuperar nuestra salud definitivamente.

Te mando un gran abrazo,

nos vemos en el próximo artículo.

Lu <3



P.d.: durante la próxima semana continuaré hablando de este tema en mi cuenta de instagram @mividahormonal, qué hacer con el hambre emocional, cómo afrontar los atracones y mejorar la relación con nuestros cuerpo, así que por allá te espero.


Si quieres ampliar toda esta información, te dejo las fuentes bibliográficas que utilicé para escribir este artículo:


fuentes 1

fuentes 2

fuente 3

fuente 4

fuente 5

fuente 6

fuente 7

fuente 8

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